Perseverancia

domingo, 22 de abril de 2012

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Hay una idea que hoy me ha estado dando vueltas en la cabeza, y creo que lo mejor para que salga de ella es escribirla.
No podría decir que mi vida ha sido fácil, sin embargo creo que está lejos de haber sido complicada. Y ahora que lo pienso, eso ha repercutido un poco en mi manera de enfrentar las cosas, en todo ámbito. A qué viene todo esto, se preguntará el lector (si es que, a esta altura, queda alguno en el blog).  Lo más extraño de todo es que la idea surgió durante algo que por defecto no haría pensar: jugando Play Station. Nunca me han gustado los juegos complicados, y creo que estoy empezando a entender por qué. A la primera dificultad que se me presenta, o que implique mucho tiempo para superarla, lo dejo. Así de simple, sin intentarlo más de 4 ó 5 veces. Lo dejo y no lo retomo. Prefiero buscar alguno que sea más simple, más conocido, que implique menor "esfuerzo".
Luego de darle un par de vueltas, me di cuenta que no sólo hago esto jugando. Revisando rápidamente la mayor parte de mi vida, me he dado cuenta que no he luchado casi por ninguna cosa que requiera un esfuerzo mayor que un par de intentos. He tenido la suerte de no tener problemas en el colegio, en la universidad ni para encontrar trabajo, pero a la larga creo que eso ha hecho que me acostumbre a que las cosas en general no me cuesten mucho esfuerzo. Y eso, sin duda, es malo.
De alguna forma la perseverancia está quedando fuera de mi vida, y eso está produciendo que pierda la pasión por lo que tengo, o hago. Lo que más cuesta es lo que más se valora, dicen. 
La parte buena-mala de todo esto es que, recordando las pocas cosas en las cuales he sido perseverante, éstas siempre han tenido resultados positivos. Es decir, no es que vea que la perseverancia no da frutos, sino que simplemente no la tengo incorporada. Sin duda es algo que necesito ejercitar, y poner en práctica lo antes posible. No quiero que en la vida me pase lo mismo que con los juegos de Play Station, porque si algo me cuesta, no puedo cambiar de vida. Al menos no que yo sepa.

El camino

lunes, 12 de septiembre de 2011

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Mi última entrada hablaba sobre si averiguar quiénes somos o trabajar para ser quien queremos ser.
Hoy esa pregunta sigue rondándome, pero de otra forma. Pensaba, ¿si hace 10 años me preguntaban cómo me imaginaba en 10 años más, habría dicho que todo sería como hoy?. Probablemente la respuesta es afirmativa, quizás con pequeños detalles de diferencia... y creo que eso es una de las cosas que más me intriga.
¿Qué falta para que nuestra vida sea plena? A veces el miedo de perderse en la rutina de simplemente dejar pasar los días para que lleguen otros me hace pensar si realmente hago lo correcto.
"Lo correcto". Dudosa expresión. Creo que debería decir "si realmente hago lo que quiero".
Más allá de si trabajo o no en lo que me gusta (no me puedo quejar en ese sentido, tengo trabajo y además lo paso bien haciéndolo), me refiero a algo más general. A si cada desición que tomo la hago consecuentemente con lo que soy (o lo que quiero ser). Quizás he ahí un punto importante. Es complejo saber realmente quién eres. Y lo es también saber quién quieres ser. Definir un punto de origen y un punto de destino, para poder trazar la ruta que lleve de uno a otro, y que guíe las desiciones que debemos tomar.
Recuerdo el año pasado haberme sentido de manera similar, pero en un contexto distinto. Recién empezaba a trabajar y me cuestionaba cómo sería realmente vivir la rutina laboral de todos los días. Ahora ése es un tema asumido. Pero tener los mismos cuestionamientos creo que es una advertencia interna. Algo que dice que la interrogante sigue ahí, y que no basta con detectarla, hay que resolverla.
Sin duda escribir ayuda. Permite sentarse por un momento a pensar un poco más detenidamente las cosas. Bajarse del tren de la rutina por un momento y mirar el paisaje. Ése que miramos siempre pero que nunca vemos detenidamente. Quizás en ese paisaje está el camino que queremos seguir y no hemos visto.
Al menos me detendré un tiempo a verlo con calma, y quién sabe, recorrerlo un poco.
No es el único sin duda. Hay muchos. Ahora, sólo tengo que encontrar el mío.

Quiénes somos o quiénes queremos ser

jueves, 25 de agosto de 2011

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En varias de las entradas de éste blog le he dado vueltas a la idea de cómo saber quién somos en realidad, o en qué momento nos convertimos en lo que somos. Es algo que siempre lo tengo presente, en cada desición que tomo, para tener consecuencia con lo que pienso y creo que soy. Sin embargo, hace poco llegué por casualidad a un concepto que había escuchado antes pero al cual no le había prestado tanta atención como ahora. No quiero hablar del concepto propiamente tal (no tengo aún el conocimiento necesario, creo) pero sí de una de las ideas que plantea, que la verdad me llamó mucho la atención.
¿Qué pasa si realmente no somos de una determinada forma, por defecto? ¿Por qué no en vez de buscar quiénes somos, decidimos quién queremos ser y actuamos para eso? La idea representa un cambio absoluto en lo que siempre he pensado. No digo que la acepto como verdad absoluta, pero sin duda es un planteamiento interesante por lo que tampoco me cierro ahora a lo que pensaba antes. Esta visión abre muchas más posibilidades, en cuanto a que tenemos la libertad de escoger el tipo de persona que queremos ser. Pero también representa mucho más esfuerzo. Una vez que se decide quién queremos ser, podemos estar cerca o lejos de nuestro objetivo, y el camino puede ser muy largo. Además, tenemos que definir qué tipo de persona queremos ser en todo ámbito, lo que requiere un análisis casi tan complejo como el que haríamos para determinar quiénes somos en realidad...
No cierro ahora la reflexión, sin duda le daré más vueltas. Pero dejo planteado el tema. En el fondo me gusta la idea de poder decidir quiénes somos. Si es posible o no llegar a lo que queremos ser, es algo que por ahora queda pendiente de confirmación.